lunes, 18 de junio de 2012

Capitulo Tres "Arreglárselas"


Se giró totalmente sacada y lo dejo ahí parado en medio del pasillo. Se dirigió prácticamente corriendo al salón de su amiga para, ya ni recordaba para qué, no sabía si para buscar al chico de las clases o no, pero si para por lo menos salir corriendo de allí. Iba totalmente sacada caminando y chocando con todo él y lo que se le atravesaba, llegando ya al salón de la flaquita, miró para ambos lados y resulta que no se encontraba en ella, enojada aún más, siguió caminando hacia la cafetería haber si allí la encontraba…

Minutos atrás, el timbre había sonado y ni rastros de la rubia, Candela se dispuso a esperar un par de minutos, pero nada de nada. Rochi no aparecía y se le acababa el tiempo.
Simple.
Se armó de valor y se encamino hacia el pasillo de Arquitectura. Una vez cerca se detuvo y lo dudó un poco. Volvió a caminar. Se detuvo. Se devolvió. Pero volvió a repetirse a sí misma que era eso o reprobar nuevamente, y claramente eso no se lo iba a permitir ni ella ni sus papás que la estaban ayudando a pagar la carrera.
A lo lejos divisó a un chico alto y morocho -bastante guapo para el gusto de Candela- Se encontraba sentado solo en una banca ubicada al costado del césped y que concentrado con un libro en la mano, por lo que, Candela supuso que estaba leyendo.
Respiro profundamente armándose del valor necesario y caminó hacia él lentamente hasta llegar a su lado.

-Dis- Disculpa –dijo la flaquita con dificultad y el chico bajó el libro y sobre él la miró- vos sos –y miró un papel- ¿Vitorio Alessandro?

Desconfiado el joven levantó la mirada, frunció el seño y dijo:
-Si te refieres a Victorio D’Alessandro. Si soy yo –dijo bajando el libro totalmente para mirarla serio de pies a cabezas- sino, te equivocas de persona.

Candela omitió el tono antipático del joven.
-Hola, soy Candela –estiró la mano la chica, pero el morocho ni se dio por enterado, siguió mirándola como si nada- bueno… -continuó Candela suspirando- pasa que me dijeron que vos me podías dar clases de maquetas, es que tengo un trabajo para la próxima semana y necesito sacarme por lo menos un seis y me dijeron que vos sabes mucho –sonrió durativa-
Un largo silencio se presentó entre ellos y el morocho se dispuso a hablar
-Tengo los viernes por la tarde libres, cobro ochenta pesos la hora –dijo mientras guardaba su libro-
-¿¿¿Ochenta??? –soltó Candela asombrada- pero eso es mucha plata –Victorio tomó su bolso y se levantó del asiento disponiéndose a caminar por el pasillo- ¡Ey! Pero... Si son varias clases ¿no me podes hacer no sé un precio? –dijo Candela a espaldas de chico-
Serio y seguro se giró hacia ella  -No– y dispuso a caminar nuevamente.
-¡Ey! ¡Para, para! –dijo siguiéndolo y él se giró para prestarle atención - Esta bien, ¿el viernes a qué hora? –suspiró-
-A las cinco, aquí mismo, ¿si? –y Cande asintió mientras lo observaba meter la mano dentro del bolsillo, girarse y emprender camino por el pasillo dejandola totalmente confundida-.

Se quedó parada allí un instante, mirando cómo se alejaba sin ninguna razón aparente, y cuando por fin cayó en que los que pasaban la miraban ahí parada, sacudió levemente la cabeza, respiró profundo y caminó hacia la cafetería.

Tenía que de una u otra forma arreglárselas para pagar y Rochi quizás tenía alguna idea.

En la cafetería Rocío se había rendido así que prefirió esperar a Cande allí. Se sentó en una mesa y fue en ese momento en el que vio a Cande entrar por la puerta, le hizo señas para que se acercara.

-Perdoname Can, te busque por todos lados y no te encontré, vayamos a hablar con el tipo ese –levantándose-
-Pará, no… ya fui, ya hablé con él. -dijo aún ensimismada mientras se sentaba a un lado de Rocío-
-¿Y qué onda el chico? –dijo intrigada volviendo a sentarse- Dale contame, qué es lo que te pasa, estas rara.
-¡Es un pesado!… y re extraño –Cande se tapó la cara-
-¿si?
-Si, mucho, pero bueno…
-Naahh, pero tenés que estar tranquila y pensar que es por la nota, sino… -movió la cabeza la rubia-
-Si, si sé… -hizo una pausa y notó lo extraña que estaba su amiga- ¿y a vos que te paso, Ro? –la rubia iba a hablar pero Cande la interrumpió- y ni te gastes, no me digas que nada, mirá que te conozco –Rocío suspiró- Dale, ¿qué paso? –insistió Candela-.
-Pablo…
-Otra vez, ese tipo, ¿qué pasó ahora? –dijo la morocha rodando los ojos-
-Esta acá –suspiró-
-¿Acá? ¿Acá donde? –dijo girándose y mirando hacia todas partes-
-En la universidad –soltó rocío de mal modo-
-Nooo… no te creo, y ¿que hace acá? –pregunto sin entender-
-Se cambió, lo trasladaron y ahora estudia acá –dijo notablemente preocupada-
-¿Jodeme? –dijo Cande tapándose la boca-
-Cande ¿podés decir otra cosa que no sean monosílabos por favor? –Cande abrió los ojos ante la mala onda- Si, según él porque le queda más cerca de la casa…
-¿Y vos le creíste? –preguntó la morocha y la rubia negó con la cabeza- ¡please gordi! ¡Es obvio que se cambió por vos!
-No sé… -soltó insegura- No creo… -y Cande la quedó mirando- ¿vos decís?
-¡Obvio! ¿Sino? Antes estaba en la otra facu y no le molestaba y justo ahora le empezó a molestar el que le quedara lejos…
-Bueno, no importa no quiero hablar de él…
-Está bien –dijo resignada, sabía que cuando Ro se negaba a hablar de algo, no había quien la convenciera-
-¿Cómo lo vas a hacer al final? ¿Vas a tomar las clases? –cambió el tema de pronto-
-Y sí, no me queda de otra –suspiró- no sé como lo voy a hacer para poder pagar todo…
-Tranquila si querés yo te ayudo y-
-¡No! Tengo que arreglármelas y no puedo pedirles a mis viejos, con suerte pueden ayudarme a pagar la Faculdad y el colegio de las enanas…
-¿Y entonces? –preguntó entristecida-
-Voy a tener que trabajar… los ahorros que me quedan de cuando trabaje en el verano, los voy a tener que gastar en materiales para los trabajos que vienen, la perra mayor ya nos dio maqueta para la próxima semana –dijo molesta- así que voy a tener que conseguirme algún laburo de media tarde o en los findes –decía complicada-
-Dale, no seas tonta, yo te ayudo, no será mucho, pero en algo te aliviana
-Ro, no. Ya te dije que no, no insistas…

Cande venía de una famita de clase media y como todas las del medio, no tenía como para derrochar por ahí. Sus padres, ambos profesores, le dieron todos los estudios posibles, así mismo como lo hacía con sus hermanas ahora. Candela se ganó una beca para poder estudiar en la Universidad, cosa que le facilito mucho el peso en cuanto a gastos, pero al haber reprobado un ramo, perdió parte de la beca y esa era su motivación. Si ella aprobaba nuevamente todas las materias podía postular a recuperar la beca y así quitarles un peso a sus padres, que actualmente estaban a full con la educación de sus hermanas menores...

Sonó el timbre nuevamente que indicaba que debían entrar a clases, ambas se despidieron y salieron de la cafetería en dirección a sus respectivas aulas…

viernes, 15 de junio de 2012

Capitulo Dos "Encrucijada"


Rocío había enganchado muy bien con Nicolás, por lo visto era un tipo bastante simpático y eso le agradaba, además iba a ser su profesor. Tanto mejor. Aunque había que admitir que era un tanto extraño.
Bastante extraño la verdad.

Se encontraba en la cafetería esperando el timbre para que salieran los alumnos de la primera clase, Nicolás se había marchado a la dirección debido a que una secretaria lo andaba buscando para terminar de organizar los horarios de sus clases. Estaba sentada en la cafetería, bebiendo un café y revisando un par de apuntes de un cuaderno antiguo, si bien había perdido una clase, tenía que empezar a refrescar la memoria.

-¿Quién soy? –una voz distorsionada a sus espaldas intentaba sorprenderla-
-Cande, no jodas. –dijo la rubia sin moverse-
-¿Cómo supiste que soy yo? –dijo molesta sentándose frente a ella-

Rocío rió y sonrió:
-¡Porque todos los años haces lo mismo! Vas a tener que cambiar la táctica, porque ya no funciona ¡Eh! –soltó cuando la morocha le sacó la lengua-
-¿Cómo andas?
-Y la verdad en la mañana, ¡re mal! Pero ya estoy bien –dijo dando vuelta una página del cuaderno- ¿y vos?
-Y… -movió la cabeza poco convencida- ¡en una encrucijada!
Rocío no comprendió y frunció el señor.
-¿Cómo en una encrucijada?
-¿Te acordás la materia que me lleve el año pasado? ¿Esa de las maquetas? –la rubia asintió- bueno otra vez me hace esa clases la perra mayor! –Refiriéndose a la profesora-.
-¿Me estas jodiendo? Esa mina te la tiene jurada –dijo divertida-.
-¿¿Jurada?? ¡RE! Jurada –dijo abriendo los ojos- ¡Me odia! Todo porque se combinar mejor que ella. –dijo angustiada la flaquita-.
-Riendo ante las ocurrencias de su amiga- Y por combinar no creo, yo creo que es porque te escucho hablando de ella re mal, Can.
-¡Nada que ver! –mintió y Rocío la miró seria- Esta bien, pero no es mi culpa que no sepa combinar. Y eso que es profe de diseño… -se cruzó de brazos-.
-No creo que se haya molestado por eso, creo que fue por la parte en la que dijiste… ¿cómo era?... ¡Ah, sí! “vieja, desabrida y desteñida” –repitió Rochi imitando a Candela-.
-Y... puede ser viste. ¡Pero eso no quita que tenga razón! –se defendió Cande-.
-Esta bien, bueno y ¿cuál es el tema con la vieja? –prosiguió Rocío-.
-Pasa que es ¡OBVIO! ¡No voy a poder pasarla sola! Así que estuve averiguando y hay un tipo que hace clases particulares, es de último año de arquitectura. Un topo. –dijo tapándose la cara como si algo anduviese mal-.
-OK. No voy entendiendo. Tienes un problema, un chico te lo puede solucionar., pero es de arquitectura… ¿Qué tiene que ver arquitectura con diseño? –dijo sin entender-.
-Que este chico creo que es un capo en maquetas. Y es su último año y hace clases  -dijo con obviedad en su voz-
-Eemmm. Ok, vamos por partes, porque todavía no entiendo cual es el problema  -tomando un sorbo de su café- ¿Por qué en encrucijada?
-Pasa que el chico es un pesado. Anda siempre solo porque es un antipático, nadie lo soporta, pero es eso o reprobar otra vez –Candela se sentía abatida y completamente angustiada-.
-¡No! Jodeme que es el “Buchón” –dijo asombrada-
-¿Buchón? ¿Qué buchón? –preguntó Candela sin entender-
-El chico de Arquitectura que todos los profes de la universidad Aman, es un creído y dicen que por su culpa echaron a varios alumnos de la junta estudiantil, porque él traicionó a los chicos y le contó al director que se querían tomar la universidad para una huelga. También dicen que le cuanta todo al director… -Rocío contaba con asombro-.
-¡No te creo! ¡Jodeme! –dijo boquiabierta la flaquita sin creérselo- ¿¿¡¡Qué voy a hacer ahora!!??
-¡Aaayyy! No sé –Dijo Rochi igual de angustiada que Cande- ¿No hay nadie más que haga clases? –preguntó tomando otro sorbo de café-
-¡Nooo! Es el único. El otro chico, ya está haciendo clases y no tiene más tiempo–dijo Candela abatida- Pero es bancarme eso o reprobar con la perra mayor.
-¿Te parece si al break te acompaño a hablar con él? –propuso la rubia-
-¿De verdad? ¡Dale please! Gordi no puedo sola, necesito tu apoyo–sonrió abrazándola- Qué haría sin vos rubia.

De pronto, Rocío observó la hora debido a que mucha gente comenzó a entrar a la cafetería y notó que era momento del cambio de hora, por lo que, ambas debían irse a sus respectivas clases.

Candela y Rocío se conocían hace dos años, cuando ambas ingresaron a la Universidad. Resulta que Candela estudia diseño gráfico y le tocó un par de clases con María, la hermana de Rochi que va un año más adelante, pero que reprobó una materia, por lo que tenía asignaturas de primero en aquel tiempo, desde el comienzo se hicieron re amigas. Mery ayudaba a Can a acostumbrarse al ritmo de la universidad, por lo que, constantemente se juntaban a estudiar en la casa de las rubias y desde un comienzo la castaña se enamoró de Amadito y fue así como las tres se volvieron inseparables, dentro de lo distintas que son, su complementarse las hizo mucho más unidas.

La clase había transcurrido tranquila, sin ningún otro tipo de percance. Recién salía de “Historia de la Música” que la impartía un profesor que Rocío ya conocía y con el cual no tenía mucha relación. Estaba saliendo del salón con un par de compañeros, conversando de lo que habían sido las vacaciones, hablaron del descanso y al llegar a la puerta se despidieron para cada uno emprender su rumbo. Ya una vez que se despidió se giró rápidamente para ir hacia el salón de Candela e ir a hablar con el chico de las famosas clases que ella necesitaba para pasar la materia. Giró por el pasillo y se estrelló fuertemente con una persona que venía en el sentido contrario dejando caer los libros que ambos traían en sus brazos quedando totalmente regados en el piso.

-Perdoname no te vi, discúlpame, que tonto –dijo un muchacho mientras se agachaba para recoger las cosas-
Rocío hizo lo mismo para recoger sus cosas. -No te preocupes, venía distraída y-
-Somos unos –levantando la vista para mirarla por primera vez- despista… ¿Rocío?
-¿¿Vos?? ¿Qué haces acá? –dijo cambiando su sonrisa por un rostro bastante serio mientras recogía sus cosas y se levantaba-
-Estudio acá, Rocío –respondió e joven levantándose-
-¿Acá? Pero si vos estabas en la otra facultad –agregaba Rocío sin entender-
-Me transfirieron, me queda más cerca de la casa –explicó el chico encogiéndose de brazos-
-¡Pará! ¿y Amado? Donde esta Amado, se suponía que vos estabas con él y yo tenía que pasar a buscarlo ahora – preguntó molesta-
-Está con mi mamá, no te preocupes, no voy a dejar solo a mi hijo –dijo contagiándose del tono molesto de la rubia-
-¿Claro no?, porque ahora si es tu hijo. ¿Verdad, Pablo?  -soltó con ímpetu y un deje de reproche en la voz-

Se giró totalmente sacada y lo dejo ahí parado en medio del pasillo. Se dirigió prácticamente corriendo al salón de su amiga para, ya ni recordaba para qué, no sabía si para buscar al chico de las clases o no, pero si para por lo menos salir corriendo de allí. Iba totalmente sacada caminando y chocando con todo él y lo que se le atravesaba, llegando ya al salón de la flaquita, miró para ambos lados y resulta que no se encontraba en ella, enojada aún más, siguió caminando hacia la cafetería haber si allí la encontraba…

sábado, 2 de junio de 2012

Capitulo Uno. "Primer Día"


Día lunes muy temprano, un sol radiante de esos que se te cuelan por la ventana para anunciar que el nuevo día se presenta, pero que el verano de apoco se termina. En un día cualquiera, no surtiría ningún tipo de efecto en ella, por lo general, las travesuras de una pequeña bestia dando vuelvas por encima de ella, sobre su cama, debajo de ella e incluso dentro la mantendrían despierta desde mucho más temprano, pero este no sería un día común. La pequeña bestia rubia no estaba en casa, por ende todas sus travesuras tampoco, y por lo tanto su despertador normal mucho menos.
Definitivamente no lo sería.
Ni para ella, ni para nadie.

-Roooo!!!! –gritaba una voz desde el primer piso de la casa- Rochii!!! –insistía la voz, que cada vez irrumpía más profundamente en sus sueños y que de a poco la sentía llegando hasta la puerta de su habitación- Rocío. –sentenció la voz-.
-Que pasa… es temprano, Amado no está saltándome en la cama, eso significa que todavía es muuuy temprano –girándose y tapando su cabeza con la almohada-.
-Por Dios Ro! Son las 9 de la mañana –dijo al tiempo que tiraba toda la cocha hacia atrás- que cabeza que sos, Amadito se fue ayer a casa del papá-.
De un salto la chica se sentó en la cama.
-Jodeme!!! Se me olvido, Dios la hora que es y yo todavía en la cama- dijo la rubia,  corriendo de un lado a otro comenzó a buscar sus cosas, pero sin encontrar ninguna.-Que mala hermana sos, claro no, ¡como no tenés tu primer día de clases!
La chica soltó una carcajada.
-¡Porque fui superdotada y termine antes! – sentándose en la cama-.
-Mery ¡Ayúdame! Dale ayúdame por favor- soltó suplicándole-.
La rubia soltó una carcajada ante la cara de desesperación de su hermana.
-Esta el desayuno listo, tu ropa en el baño y tu bolso preferido lo arregle anoche –y agregó ante la expresión desfigurada de su hermana menor- encontré tu horario y metí un par de cuadernos, pero no sé si eran los correctos, sabía que ibas a despertarte tarde –sonrió-
-¡Me salvaste la vida! –dándole un beso en el cachete- ¿qué haría sin vos hermanita?
-Probablemente nada! –sonrió agrandándose-
-Mejor me voy a bañar para darles espacio a ti y tu ego –entro riendo al baño-.

María, hermana de Rocío, es una mujer de carácter, con un alma pura al igual que la de Rocío. De pequeñas ambas han formado una relación que va más allá del ser hermanas, son amigas, confidentes, almas gemelas. Desde el primer al último momento de sus vidas han estado juntas, buenas, malas, difíciles y peores y probablemente nadie pueda cambiar eso. Ni siquiera su madre. María estudia Diseño, está en tercer año y no se complica la vida. Viven simplemente los tres. Ella, Rochi y Amado.

En diez minutos Rocío estaba lista y corriendo nuevamente de un lado a otro, revisando si las cosas que había guardado su hermana en su bolso eran las correctas. Se maquillo rápidamente y cuando estaba lista bajó rápidamente, bebió un poco de jugo y con media tostada en su boca le dio un beso a su hermana y salió corriendo hacia la puerta.

-¿A qué hora pasas a buscar a Amadito? –preguntó antes de que la chica saliera-
-Salgo de clases a las 3 de la tarde, termino y voy a buscarlo ¿si? – dijo rocíodesde la puerta y Mery asintió desde la cocina- y vos ¿a qué hora tenés clases hoy?
-Entro a las 12 hoy –respondió comiéndose una tostada-.
-Dale. ¡Nos vemos a la noche entonces! ¡Te quiero! ¡Chau! –dijo Rocío cerrando la puerta tras ella-

Rocío subió al auto con rapidez, conecto el manos libres con torpeza, encendió la radio, el motor y partió rumbo a la Universidad. En la radio anunciaron que eran las diez menos quince, cosa que la alteró un poco más de lo que ya se encontraba, ya que en quince tenía clase. Por lo general, no era de esas personas que llegaba atrasada a todas partes, contrario a lo que le pasaba ese día, era bastante puntual y, típico de una persona puntual, odiaba los retrasos. Conducía distraída atrapada en sus pensamientos cuando se le atravesó un auto desde la calle contraria, lo esquivó con fuerzas e intentando calmar la respiración y el temblor de las piernas continuó manejando. Después de prácticamente volar entre el resto de los autos, casi atropellar a un perrito y rozar a otro auto, llego a la facultad, miro el reloj y le quedaban dos minutos para entrar, tomo sus cosas como pudo, cerró la puerta del auto, puso la alarma y camino a paso rápido para entrar a la clase, se encontraba a pasos del salón y la puerta estaba cerrada, extrañada abrió la abrió , se dirigía sigilosa y en silencio hacia los asientos y cuando estaba a punto de tomar posesión de uno de ellos una voz la interrumpió.

-Perdón, serías tan amable de explicarme ¿Para donde va? –preguntó el profesor con voz fuerte, captando la atención de todos en la clase-.

Rocío se quedó paralizada y completamente sonrojada se volvió hacia él. Unos grandes ojos claros amenazaban con tragarse su orgullo y con dejarla completamente sin habla.
-Emm yooo –articuló sin éxito-  pretendo sentarme –dijo con total sinceridad-.
-Por lo visto se le atrasó el reloj señorita… o lo olvidó en casa- dijo el hombre al momento que observaba su reloj de pulsera y estiraba las palabras para que ella dijese su nombre-.
-Rocío… Rocío Igarzabal –dijo nerviosa-
-Bueno Rocío –dijo él con claridad en la voz- le voy a pedir que se retire de mi aula- y como si nada le señaló con la mano la salida-.
-¿Qué? ¿Me está cargando?? –dijo la rubia sin creérselo-
-No, la clase comenzó y el timbre sonó hace ya exactamente -miro su reloj- seis minutos- se giró hacia su escritorio y caminó por el pasillo-.
-No es verdad –miró su reloj- ¡hace dos! –dijo Rocío mientras o seguía y le enseñaba su reloj ante la atenta mirada del resto de la clase-.
-Igualmente llego tarde señorita Irrarazabal- dijo el profesor mientras se sentaba-
-Pero… –dijo buscando las palabras-
-Nada… por lo tanto, le voy a pedir que se retire de mi clase –dijo serio mientras abría un libro- Clase, comenzaremos con el capitulo uno del libro-

Rocío quedó estática ante lo dicho por el profesor, estaba perpleja y de pié frente a ese déspota que la había humillado en frende el resto de los alumnos presentes.
Todos la miraban.
Nadie podía creer lo que había hecho, pero de inmediato abrieron los libros en donde este le había indicado. No entendía nada, la rabia le nublo la mirada a la chica y sin ser capaz de articular ninguna palabra se giró y salió pegando un portazo.

-¡Uhhgg! –gritó rocío sacada mientras caminaba por el pasillo- ¿Quien se cree que es? ¿¿¡¡ Eh!!?? Estúpido ¡¡Uhhgg!! –dijo pateando un arbusto que estaba cerca-

A lo lejos un chico rubio y alto miraba divertido la situación de furia de Rochi y tras dudarlo un instante decidió acercarse. Algo le atrajo de esa chica…

-Veo que no ha sido una buena mañana –dijo el chico sonriendo ampliamente mientras llegaba hasta ella-.
Rocío asustada por la voz que irrumpía en su desahogo, se giró y vio como el rubio la miraba.
-Perdón, pero vos y yo ¿nos conocemos? –dijo Rocío-
-¡No!, soy nuevo, bueno no tanto la verdad, era alumno de acá, pero como ya egresé ahora soy uno de los nuevos profesores –respondió divertido-.
-Mirá vos –soltó sorprendida-
-¿Se puede saber por qué tan enojada? –pregunto curioso- digo, porque no creo que el arbusto te haya hecho algo tan grave como para que te enojes así con él y lo termines pateando al pobrecito –explicó el rubio divertido-
-Jajajaja –rió Rocío avergonzada- No, la verdad es que el pobrecito no tiene la culpa –se encogió sonrojada- bueno, nada una boludez pasa que el profesor… -pero Rocío se calló un segundo- ¿perdón? Porque te estoy contando esto, si ni sé cómo te llamas –puntualizó-.
-Tenés razón, perdoname –estiró su mano- Soy Nicolás Riera, profesor de percusión, pero decime Nico –sonrió el chico-
-Bueno, es un gusto Nico –estrechando su mano con la de él- soy Rocío Igarzabal, estudiante de Canto de segundo año, pero decime Rochi –sonrió junto con él- parece que vas a ser mi profesor. Este año tengo percusión.
-Si, puede que sea yo tu profesor –asintió Nicolás- bueno Rochi, me contás ¿qué te paso? –dijo invitándola a sentarse en el césped-
-Dale, pasa que me quede dormida –el rubio abrió los ojos- ¡Si!, me quede dormida el primer día y nada llegue 2 minutos tarde, entre y el imbécil del profesor ¡¡me saco!! Quien se cree que es?? –gritó Rocío sacada nuevamente-
-¿El profesor. Por ejemplo? –dijo moviendo la cabeza-
-Si, si sé, pero es que, ¡Me avergonzó frente a toda la clase! No podía decirme que me acercara para decirme exactamente lo mismo. No, me lo dice frente a TODOS! –Nicolás comenzó a reír nuevamente- ¿perdón, dije algo gracioso? –preguntó alzando una ceja-
-No, simplemente presiento que vamos a ser, grandes amigos –sonrió-
-¡Nah! ¿Amiga de mi profesor? –dijo sorprendida- eso va a estar groso! –sonrió-